20 años de aquella pequeña película inglesa

Todo el mundo conoce a alguien que conoce a alguien que conoció a alguien en un casamiento y se terminó casando. Así que de plano, la historia identifica, al menos a las mujeres. El gran temor para el guionista Richard Curtis y el productor Duncan Kenworthy, de hecho, era que aquel título, “Cuatro bodas y un funeral”, funcionara como repelente para la platea masculina. Aun así, en vista de otras opciones que habían manejado ( “Amor verdadero y desencuentros”, “Merodeando en lugares sagrados”), se arriesgaron con ese.
Tal vez lo más complicado fue dar con el galancete. Este muchacho que tenía que ser medio informal, impuntual, de esos que tienen algún atractivo pero no lo saben y esa ignorancia les regala una especie de frescura encantadora. Ah, y además tenía que saber darle humor a las líneas de Curtis, sobre todo a aquellas más pícaras (para la época) que rayaban en lo ligeramente obsceno (también para la época).
Unos 70 actores hicieron la prueba antes que Hugh Grant, pero hasta él, los parlamentos seguían sonando mal para el propio Curtis, que los había escrito. “Esto me recuerda cuán muerta estaba en la página (la historia) hasta que llegó la persona correcta”, contó el guionista hace poco.

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Hugh Grant, que entonces se encontraba casado con Liz Hurley y dando clases de acento británico a Juliette Binoche porque cobraba contado y necesitaba el dinero, lo tenía todo para el papel: era torpe, impulsivo y algo adorable (¿alguna mejor traducción para lovely?). Andie MacDowell completó la fórmula ganadora al ponerse en la piel de esta chica americana bastante frontal que vuelve loco a nuestro protagonista, y el público se volvió loco con esta historia simple pero llena de parlamentos geniales (el guión también estuvo nominado al Oscar) y de momentos gloriosos. La película toda es lovely, con su banda sonora en CD vendiéndose como pan caliente en su cajita plástica, Mr. Bean (en realidad Rowan Atkinson en su papel de cura) olvidándose los nombres de los novios, el pelo de Andie MacDowell, los anteojos de Hugh Grant que se pusieron de moda casi veinte años después, y esa escena de amor bajo la lluvia simplemente infalible.

La “pequeña película inglesa”, como la llamaban al principio, terminó recaudando unos 250 millones de dólares alrededor del mundo y Richard Curtis se consagró como el maestro de la comedia romántica británica (después haría “Un lugar llamado Notting Hill”, “El diario de Bridget Jones”, “Realmente amor”). Hugh Grant, ya convertido en estrella, protagonizaría cada una de esas películas. Que siempre hace de él mismo, dirán algunos. Pero qué bien le sale.

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