La música que movió montañas

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“Besides which you see I have confidence in me”

“Mecánicamente diseñada”, “astutamente calculada”, una “opereta” que ofende a quienes “odiamos ser manipulados de esta manera y nos damos cuenta de cuán baratas y prefabricadas son las respuestas que deberíamos sentir”, escribía con su pluma afilada la reconocida crítica de cine estadounidense Pauline Kael sobre “La novicia rebelde” a raíz del estreno en 1965 de este filme: una “mentira azucarada que la gente aparentemente quiere comer”.

Un año después, el 1º de agosto de 1966, cuando la película llegó a Montevideo con el brillo y la expectativa que le daban sus cinco premios Oscar, su novedoso formato Todd-AO de 70 milímetros (en lugar de 35), y una publicidad que en los diarios la promocionaba como “la nota de más jerarquía cinematográfica de todos los tiempos”, Manuel Martínez Carril escribía una reseña en “La mañana”. En ella se refería irónicamente a los vistosos paisajes, filmados “ante el descontento de los críticos que no comprenden que la vida es más linda en color, pantalla ancha y con mucho mucho azúcar”.

Demasiada dulzura para los críticos de cine no fue tanta para el público. Casi 100 mil espectadores llenaron el Cine California, el único capaz de proyectar una película en este formato gigante, manteniendo la película en cartel por cinco meses.

En esta, como en tantas otras, el público y la crítica tomarían caminos opuestos, y el propio Manuel Martínez Carril lo anticipaba: “El film —con o sin Oscars— será efectivamente un notable suceso comercial, en parte porque siempre hay adolescentes que gustan de románticas anécdotas entre dulces paisajes y suaves canciones, en parte porque todavía hay señoras soñadoras que prefieren evadirse con cuentos de hadas como éste”. Acertó, salvo por aquello de que solo las “señoras” llegarían buscando una vía de escape en esta historia: aunque en menor medida, los hombres también querían verla.

Este año se cumplen 50 años de la cinta por la que Robert Wise recibiera su segundo Oscar a Mejor Dirección —aunque a Uruguay llegó al año siguiente—, y ya empezaron los tributos. El primero tuvo lugar en la ceremonia del Oscar, cuando una Lady Gaga con un vestido más propio de cuento de hada que de ella misma interpretó una versión bastante fiel a la película de “The Sound of Music,” “My Favorite Things,” “Edelweiss” y “Climb Ev’ry Mountain” encadenadas, y le dedicó una reverencia a Julie Andrews, que emocionada le agradecía esta interpretación que dejó sin palabras a quienes solo conocían el lado más estrafalario de la cantante.

Mientras Salzburgo se viste de gala para recibir a los turistas que pretenden visitar cada locación, Estados Unidos se prepara para exhibir una versión remasterizada de la película en cines de todo el país.

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Plummer-Andrews: casi un matrimonio. La primera vez que vi “La novicia rebelde” fue en VHS. Mi madre y mi tía la habían comprado original en Buenos Aires, habían hecho una copia de cada uno de los dos casetes (la película dura casi tres horas, no cabía en uno solo), y cada una se había quedado con una parte original y la otra en copia. Mi madre la había visto en pantalla grande con 20 años y su tío, un abogado que entonces rondaría los 50 e iba al cine asiduamente, dejó la sala convencido de que aquella era una de las mejores películas que había visto.

Tantas veces vi la película regulando la imagen ya deteriorada con el tracking, que hoy no necesito poner play para que pase con total nitidez por delante de mis ojos.

Sí, probablemente estuviera previsto que el público simpatizara con la torpeza de María, se sintiera intimidado al principio y seducido después por el viudo y endurecido capitán von Trapp. Seguramente se esperaba, también, que la baronesa, con toda su sofisticación, fuera como una piedra en el zapato para el final feliz que todos sabíamos con certeza que llegaría. El público puede ser, hasta cierto punto, predecible. Pero si fuera tan sencillo anticipar sus gustos, no habría estrepitosos fracasos de taquilla.

La crítica odió “La novicia rebelde” y el público la amó. Cincuenta años después, la primera se ha vuelto algo más benevolente con esta cinta dirigida por el mismo realizador que “Amor sin barreras” (codirigida con Jerome Robbins), y el propio Christopher Plummer, que en su momento renegó de su rol, también terminó aceptando la película y aceptándose a sí mismo como el capitán von Trapp. Eso tienen los años. Algunos lo llamarán indulgencia, otros, sabiduría.

“Era difícil encontrar escenas ‘interpretables”, dijo el actor recientemente a “Vanity Fair”; “Ernest Lehman, que era un guionista maravilloso, hizo un trabajo excelente con ‘La novicia rebelde’ considerando que había sido escrita como un musical, no como una obra”. Sobre su personaje, dice que Wise, el director, “no quiso que fuera muy empalagoso”, y que ayudó que él mismo, entonces, fuera “un joven tan cascarrabias”.

Plummer, que ya cumplió los 84 años, ganó su primer Oscar hace tres por “Beginners”. A Julie Andrews, en cambio, el reconocimiento le llegó de manera temprana. El mismo año que se estrenó “La novicia rebelde”, la actriz recibió su primer y único Oscar hasta el momento por “Mary Poppins”, su primera película. Andrews acertó dos exitazos en un lapso de seis meses. Una verdadera hazaña que llevó a esta cantante británica del arrasador éxito en las tablas con el papel de Elisa Doolittle en “My Fair Lady” a la cúspide hollywoodense en un abrir y cerrar de ojos. Y aunque el director Jack Warner eligió a Audrey Hepburn para la versión cinematográfica del musical, es la voz de Andrews la que se escucha cuando Hepburn mueve la boca simulando entonar “The Rain in Spain”.

Entre Christopher Plummer y Julie Andrews no empezó un affaire, como sucede a veces en la íntima convivencia del set, sino una amistad que incluía además a Blake Edwards, director y marido de la actriz.

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“Edelweiss, Edelweiss / Bless my homeland forever”

Los von Trapp. La verdadera María, la novicia devenida baronesa que adoptó a los siete hijos del viudo von Trapp, fue apenas una inspiración para la María de “La novicia rebelde”. La película se aderezó con condimentos románticos y el descubrimiento musical por parte de los niños; esa cuota extra de ficción que tan bien dosifica la industria y que colaboró en eso de lograr que la historia tuviera el éxito que tuvo.

La verdadera María no tuvo reproches al respecto y agradeció a Julie Andrews por su interpretación y atuendo algo masculinos: “así era yo de joven”, le confesó, y accedió gustosa a caminar como casualmente por el set en el que se filmaba el número musical “I Have Confidence”, y quedar así registrada en el filme.

La verdadera María se casó con Georg von Trapp en 1927, cinco años después de que Agathe Whitehead, la primera esposa del capitán, muriera de fiebre escarlatina. Después de varias mudanzas, el padre se había instalado con sus siete hijos en Salzburgo en 1925 y buscaba un tutor para una de sus hijas, que aún se estaba recuperando de la misma enfermedad que había acabado con la vida de su madre. Fue así que la madre superiora de la Abadía de Nonnberg envió a la casa de la familia a María a una novicia recién llegada para que oficiara de institutriz.

Como en la más común de las novelas rosa, el viudo se enamoró de la incorregible niñera y el cariño, que fue mutuo, terminó en casamiento en 1927. Con María, su segunda esposa, el capitán tuvo tres niños, Rosemarie, Eleonore y Johannes, que se sumaron a la prole de siete hijos de su primer matrimonio.

No fue hasta que la familia perdiera toda su fortuna a causa de la Gran Depresión, que María despidió a los sirvientes, mudó a la familia al área de servicio de la casa, alquiló la residencia principal y formó un coro con los chicos como forma de sustento. Contrariamente a lo que se ve en la película, María era la del carácter fuerte, y Georg, en cambio, era más dócil. Estas decisiones son prueba de ello.

Fue a partir de que uno de sus inquilinos escuchara cantar a los niños y les sugiriera presentarse a un concurso musical —que los von Trapp ganaron—, que empezaron a hacerse populares.

Poco después, Georg von Trapp fue citado nuevamente para unirse al servicio naval, pero se rehusó y emigró con su familia a Estados Unidos para instalarse en Stowe, Vermont, el pueblo que eligieron por sus similitudes con el paisaje austríaco. La huída no fue a través de Los Alpes, como se ve en el filme, sino vía Brunegg, en Suiza, a donde llegaron en auto para seguir luego hacia Londres y de allí partir finalmente en barco con destino a Norteamérica.

El show continuó del otro lado del Atlántico, con la familia von Trapp ofreciendo conciertos y saliendo de gira regularmente.

El éxito. Dirigida por Robert Wise, “La novicia rebelde” se basa en las memorias que María von Trapp plasmó en su libro “The Story of the Trapp Family Singers” y contó con un reparto infantil constituido por actores amateur que, aún después del gran éxito de su debut, no siguieron una carrera en la actuación. Según el director, la increíble repercusión de la película tuvo que ver con lograr una fórmula perfecta: una historia verdadera y conmovedora que además involucra a una familia, un reparto inmejorable y una locación tan encantadora como Salzburgo.

“Lo que me sigue impactando es cómo la gente valora la historia”, contó Myles von Trapp Derbyshire, bisnieto de los von Trapp célebres, a ABC Noticias; “cómo afectó la vida de la gente. Es maravilloso ser parte de una historia que demostró ser atemporal”.

Pasaron 50 años desde el estreno de este clásico musical, y los entonces relucientes talentos de Plummer y Andrews siguieron cada uno un viaje particular. Hoy, cuando vuelven la mirada sobre su trabajo en “La novicia rebelde”, él advierte que tiene un acercamiento bastante más amable y menos crítico. Ella cree que tendría que haber cantado aquellas notas del número de apertura de “The Sound of music” algún tono más bajo (“siempre siento mi voz salvajemente alta cuando la película comienza”, confesó recientemente), pero es capaz de adjudicar aquello a su falta de experiencia.

“La novicia rebelde” estuvo en cartel en Montevideo desde el 1º de agosto hasta el 28 de diciembre de 1966, cuando María von Trapp fue desplazada por Mary Poppins, la niñera más famosa del cine, interpretada por la misma actriz.

Tenían razón, al público le gustó el azúcar.

*Nota publicada en la revista galería

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Un comentario en “La música que movió montañas

  1. Mariana dijo:

    También es una de mis películas favoritas Patty y mis hijos la adoran! ¿Estoy delirando o tu mamá nos llevó a todas al cine en taxi a verla? Gracias por esta reseña ya que no sabía que se basaba en una historia real.

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